Terapia de grupo

La vida ocurre ‘en relación’. Nos relacionamos con el medio que nos rodea, desde el aire hasta las personas y es esta interacción la que nos lleva a ser quienes somos. Por esta razón,  la terapia de grupo puede ser el campo de prácticas adecuado para abordar determinadas situaciones críticas en nuestra vida o simplemente el crecimiento personal entre iguales.

Todo grupo de crecimiento personal o terapéutico nos permite experimentar en estos espacios relacionales, que también se viven en lo cotidiano. Así, la terapia  grupal se convierte en un laboratorio de experiencias donde podemos ajustar nuestra forma de ser, hacer y estar con las demás personas y con nuestro propio SER.

Tomar conciencia de mi YO significa reconocer cómo vivo a través de lo corporal, lo emocional y lo cognitivo. Darme cuenta de cómo traduzco la "realidad" a nivel interno, de qué sensación experimento, a qué emociones me conecto y qué me digo ante lo que me va sucediendo.

En segundo lugar, la toma de conciencia del TÚ permite ver "cómo me relaciono con..." y cómo aprendo a relacionarme. Aprender a decir que sí, a decir que no, a abrirme o a cerrarme, a acercarme o alejarme y, especialmente, a poner límites. Poder contactar con un TÚ, sin perderme o negarme en él, ni perder o negar mi YO. Aprender a estar conmigo y con otra persona desde el respeto mutuo.

Finalmente, el tomar conciencia de que formamos parte de un grupo nos permite reconocer que existe un sistema o ‘campo’, que tiene unas leyes, códigos y valores, pudiendo reconocer cómo me ubico en él.

La terapia de grupo me permite:

  • Reconocer cómo me ubico en este sistema.
  • Observar cómo vivo lo grupal y cómo gestiono mis necesidades en grupo.
  • Definir qué me gusta y qué me disgusta de lo grupal.
  • Darme cuenta de cómo gestiono los sentimientos de pertenencia y diferencia.

Definir cuáles son mis temores y mis anhelos en relación a dichos sentimientos.